Si no puedo evitar la decepción,
al menos no me condenes al olvido,
que duele menos que odies mi recuerdo,
a que borres de tu mente mi cariño.
© 2010 Santiago Alonso - Todos los derechos reservados
Si no puedo evitar la decepción,
al menos no me condenes al olvido,
que duele menos que odies mi recuerdo,
a que borres de tu mente mi cariño.
© 2010 Santiago Alonso - Todos los derechos reservados
Escogimos mal la melodía
que bailar aquella vida,
y perdimos el compás
en cada encuentro,
en cada despedida.
Por buscar tus besos
en tu ausencia,
y buscarme cada vez
que no podía,
esquivamos de ambos
la rutina
condenando al fracaso
fantasías.
Acercaba yo mis pasos a los tuyos,
y sentía tu barrera protegida,
y al sentir que tus huellas me seguían
un miedo cruel obligaba mi huída.
Cobardía, tal vez,
yo jamás lo negaría,
y al volver a buscarte aquella tarde
me encontré de bruces, todavía,
con sorpresa mayor que la agonía
que produce la incertidumbre de la vida.
Ya no éramos ninguno los que fuimos,
ni sonaba el vinilo que solía,
hoy la música evocaba con sus notas
un calor ardiente que gemía,
retumbando en mi ser
con pasión arrepentida.
Nos dejamos llevar,
tan sólo eso,
y los pies parecieron levitar,
nuestros cuerpos se fundieron en la brisa,
y nunca más nos volvieron a encontrar.
© 2010 Santiago Alonso - Todos los derechos reservados
Miró en su espejo empañado imaginando sus pliegues tersos, y un suspiro decepcionado retumbó ronco a través de sus sueños. Tras su piel las huellas cruelmente sinceras que traicionan secretos de vivencias. Cicatrices mordaces que sus intimidades revelan indiscretamente. Su amante descansaba todavía en la cama salpicada de pecado. Su marido la esperaba al otro lado de una línea que siempre da ocupado. Tras secar las gotas de rocío, y empapar con ellas su toalla, caminó descalza hasta el pie mismo de la cama. Se acostó de nuevo lentamente, y abrazó una almohada de carne calurosa, sintiendo palpitar de sangre un sentimiento de culpa y de vergüenza. Al salir el sol que atraviesa los poros colándose en su alcoba, vislumbró asombrada aquella escena. Si aquél hombre era su marido, no entendió a dónde el de sus sueños se encontraba. Se cubrió la cara con la almohada y llovió su rostro impregnado de nostalgia por dormir de nuevo con su esposo, y seguir soñando con su amigo cada madrugada.
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El corazón se encoge
como un cachorro
golpeado por el frío,
el silencio invade
la música del vacío
y de nuevo el recuerdo regresa
a mi retina burlón y oportunista,
cuando más te necesito.
La distancia y el tiempo
jamás lo han conseguido,
y mira que juré olvidarte
aquél abril perdido.
Hoy de nuevo,
tal vez será el invierno,
has surgido de mis miedos escondidos,
asomando tu latir en mi suspiro
y dejando este aroma de pecado
que impregna de tu olor
mi verso dolorido.
Vete ya por siempre y no regreses,
luciérnaga,
mirada,
flor de espinas,
vete ya por siempre fugitiva,
y déjame vivir de nuevas ilusiones,
otra vida.
© 2010 - Santiago Alonso - Todos los derechos reservados
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Tras la nostalgia de mi alma,
se esconde un nombre incierto,
un manuscrito escondido
en el rincón polvoriento
de mi dormitorio hueco,
bajo mi desierto.
Y por las noches lo busco,
lo acaricio entre mis sueños,
voy recordando el día
que fui feliz con sus besos,
y repito una vez
y otra vez más en silencio:
"Maldito este recuerdo
que se convierte en tormento",
pues no sé lo que daría
por usurparle al tiempo,
tan sólo un instante de aquellos
que compartí su aliento.
Bendito tener conmigo
esa vivencia lejana,
que me da fuerzas diarias
para salir de la cama.
Pensándote vivo mis días,
pensándote, mis madrugadas.
¡Ay, qué sería mi vida,
si a ti no te recordara!
©2010 - Santiago Alonso - Todos los derechos reservados
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El próximo 25 de noviembre, es el Día Internacional para la eliminación de la violencia contra las mujeres. Santiago Alonso ha escrito para la ocasión algunos poemas:
Un racimo de igualdad
Un racimo de igualdad
he pedido a los Reyes en mi carta;
un racimo de igualdad,
que nos llene de esperanza.
Que al decirnos que en verdad,
son iguales nuestras almas,
sintamos en realidad
que son de las mismas ascuas
que arden en un compás,
al unísono y sin faltas.
Un racimo de igualdad
quiero que sea la vida,
y poder reposar
en la misma rama que un día,
reposaron las que ayer
lucharon por causa digna.
Porque no puedo entender
cómo se puede hacer de menos
por el mero hecho de ser mujer,
a quien luchó desde siempre
trabajando sin descanso
dentro y fuera de su casa,
en la ciudad y en el campo.
¿Hacer de menos a quien te dio la vida?
¿Por qué?
¿Hacer de menos a quien te regaló sonrisas?
¿Para qué?
¿Hacer de menos a quien te dijo un día,
que siempre te comprendería…?
Un racimo de igualdad,
para que no haya más muertes,
para que siembren de amor
de los malvados, las mentes.
Un racimo de igualdad,
a poder ser, sin excepciones
que dejen al descubierto
las crueles e injustas sinrazones.
Un racimo de igualdad,
entre mujeres y hombres,
que juntos hoy caminemos
hacia un mismo horizonte.
COBARDE
En la soledad de mi alma busco razones
y me siento culpable,
y me siento pequeña.
Y mi voz ahogada gime desconsuelos,
porque de nuevo su mano desgarró mis sueños.
Y me encuentro postrada sin la luz de sus besos,
cicatrices que marcan con su voraz miedo,
las palabras ausentes, el perdón más sincero,
y de nuevo yo caigo en la red sin señuelo.
Postrada en la cama de nuevo me encuentro,
dicen que esta vez por poco no lo cuento,
debo denunciar, alejarme para siempre,
pero él volverá, o suya o de nadie,
o con él, o con la muerte, él bien lo sabe.
Convencida de aquello, me dejé asesorar,
puse una denuncia, y comencé mi infierno a narrar.
Encontré personas buenas que me supieron ayudar,
y comprendí que en silencio, nada podría solucionar.
Pero pasaron los años, y comencé otra vida.
Encontré una pareja que me supo querer,
y descubrí que en el amor, la mano acaricia,
la voz susurra, los dientes besan,
las uñas rascan la espalda inquieta,
los ojos miran sin miedo al verse,
y los golpes son latidos del corazón que siente.
Pero ese malnacido de nuevo volvió,
tras las sombras del tiempo,
y un cuchillo en la mano escondió.
Yo le vi acercarse, le mire de frente,
y le grité: cobarde, nada ganarás con mi muerte.
Él me miró a los ojos y comenzó a llorar,
luego me dio la espalda y no le vi nunca más.
Decir mujer
Decir mujer, es decir madre
es decir fuerza, es decir aire,
decir mujer, es decir amante,
es decir amiga, es decir coraje.
Decir mujer, es decir arte,
es decir siempre al dolor sedante,
decir mujer es decir ángel,
es decir camino que conduce amable.
Decir mujer es decir gracias,
es la musicalidad de la esperanza,
decir mujer es decir mañana,
porque el futuro está en vuestras miradas.
© 2009 Santiago Alonso