Tantas veces habré perdido el norte, despistada mi brújula de falsos magnetismos, dando tumbos de oriente hasta occidente, de una boca a otra boca, siempre lo mismo. Tantas veces partido se ha mi corazón, que en fragmentos infinitos esparcidos al viento de Esperanza, se posaron, sin saber cómo, ni cuándo, ni por qué; en un alma que tampoco lo esperó. Y así, como sin quererlo, surgió de nuevo el Amor.